Saskia Sassen: «En España aún quedan ciudades verdaderas»

Saskia Sassen, en Madrid

Entrevista a la experta mundial en asuntos urbanos y globalización, que recientemente ha estado en Madrid

Saskia Sassen (La Haya, 1949) es una experta mundial en asuntos urbanos y globalización que ha sido reconocida internacionalmente con múltiples galardones, entre ellos el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales 2013. Sassen estuvo en Madrid para intervenir en las Jornadas “Una nueva justicia para la nueva agenda urbana”, organizadas por el Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (ONU-Habitat). Sus libros se han traducido a una veintena de idiomas y ella habla con facilidad cinco de ellos. Con CARTA LOCAL lo hace en un perfecto español, con un cálido acento porteño.

Creo que con sólo 13 años usted ya manifestaba unas enormes ganas de cambiar las injusticias que rodeaban su mundo. Hace algún tiempo de eso, ¿qué balance hace?, ¿cuál es el estado de aquel sueño de niñez?

Bueno, no fue tanto un sueño, fue una decisión, porque nosotros en nuestra casa en Buenos Aires teníamos mucho personal que venía de barrios pobres, entonces yo ya tenía un análisis de aquella situación, por así decirlo, que empezó antes de los 12 años. Por eso me metí eventualmente en Sociología pensando que ese era un puente hacia esas realidades. Aunque entendí muy pronto que no era un puente, porque en realidad el sistema académico existe en un cierto aislamiento.

Y ya ahí nació su tendencia al activismo.

Sí, y después en Nueva York, donde llegué bastante joven, me metí en varios movimientos y tuve una experiencia muy buena. Una experiencia que hoy en día no podrías tener en Nueva York, porque Manhattan, donde vivo, es un mundo de ricos y de propietarios de viviendas que no viven allí, y es un mundo muy cambiado. Pero cuando yo llegué era una ciudad pobre, estaba en bancarrota, había todo un debate sobre los emigrantes. Entonces era un mundo muy real, muy variado y muy denso. Y realmente eso me marcó muchísimo

Y ¿cuál es ahora su obsesión en estos momentos? ¿Qué es lo que sigue moviendo sus pasos?

Me preocupa mucho la masiva perdida de hábitat. El hecho de que en los últimos años, hasta tres millones de pequeños agricultores, están siendo echados fuera cada año por la expansión de las plantaciones y la expansión de las minas. Cada vez más y más clases medias, modestas, son desplazadas y no logran vivir donde querrían vivir. En el sur esto es claramente muy dramático. Por eso, lo que me obsesiona en estos momentos es hacer un mapa de todo el mundo con la increíble pérdida de hábitat que tenemos.

¿Cuáles son las consecuencias de esta situación?

Significa que el espacio ciudad, el espacio que en América latina llamamos la periferia, espacios muy muy densos que en parte funcionan bastante bien, pero al extremo son espacios muy problemáticos donde casi no se puede vivir, están llenos de gente. En Europa todavía existe una situación muy civilizada, ustedes no tienen lo que nosotros vemos en Sao Paulo, en las favelas. Esto para mí es una historia emergente que me importa mucho. Pero volviendo a una situación un poco más concreta, para ustedes aquí en España, es la importancia del espacio ciudad, porque es uno de los pocos espacios donde los “sin poder” logran hacer, una historia, una economía...

¿Cuál debe ser la función esencial de una ciudad?

La ciudad es un sistema muy complejo, pero incompleto y es un espacio que se adapta. Y lo que también es notable, lo que sobrevive a través de los siglos en esas ciudades es el espacio urbano y los vecindarios, no las grandes empresas. Y los vecindarios para mí son los lugares de gente modesta, también de actividades económicas modestas. Eso es lo que ha sobrevivido a través de los siglos y en ciertas ciudades miles de años. Eso me parece muy importante para reconocerlo. Entonces proteger esa calidad de complejidad y lo incompleto es un desafío hoy porque la tendencia es a cerrar: los barrios cerrados, los parques de oficinas y todo eso... Entonces es un desafío mantener la genuina ciudad y por eso digo que mucho de lo que es muy denso no es ciudad. Es simplemente construcción densa.

Utilizando una expresión suya, ¿cuál es la máquina de vapor de nuestra época capaz de conseguir modificar el mundo, ese instrumento en principio modesto, pero que puede cambiarlo todo?

Ahora, la manera en que usted me pregunta esto, creo que se refiere a una nueva etapa, ¿cuál podría ser hoy el equivalente de una linda máquina de vapor? Yo creo que el espacio urbano es una de esas capacidades y hay ironías en el momento actual, alguna de las cuales puedes ser muy útiles Una es que justamente el poder económico hoy básicamente no está en la ciudad pero tiene un momento urbano. El poder económico circula en circuitos digitales financieros, las plantaciones y las minas en África... No está en nuestras ciudades. Pero nuestras ciudades son un momento en la trayectoria del gran capital.

Y ese momento hay que agarrarlo...

Claro. Y solamente existe ese momento porque realmente lo necesitan y ahí viene mi "global city funtion", esa función de la ciudad global, etc., que es realmente la intermediación de la economía. Entonces, ese momento donde el gran poder encaja en la ciudad es un momento importante que habría que saber cómo usarlo.

Usted lo llama “la urbanización del poder”.

Sí. Mi pregunta es, ese momento donde se urbaniza el poder, el gran poder, ¿cómo lo usamos para políticas de reivindicaciones y justicia social? Y ahí hay un desafío. Yo no soy una experta de ese aspecto de tantas ciudades del mundo, pero lo que veo es que existe ese momento urbano. A nivel nacional hoy se puede hacer mucho menos que a nivel urbano por parte de aquellos que no tienen mucho poder. Entonces ahí entran todas las modalidades, cómo la ciudadanía, y digo la ciudadanía en sentido muy amplio, no solamente los que tienen el certificado de ciudadano, cómo se pueden movilizar, cómo pueden hacer reclamaciones.

¿Cómo?

La inteligencia y el conocimiento de los residentes de su ciudad, de su barrio, importa muchísimo. La abuela, el niño, el que están sin abrigo, el sin casa, el experto, todos saben algo. Tienen un conocimiento que el gobierno central de la ciudad no tiene. Eso es una manera de empezar a capacitar a la ciudadanía, que la ciudadanía reconozca "yo sé algo". Y ese conocimiento empieza a movilizar.

¿Cuál es el siguiente paso?

Las transversalidades. Los vecindarios se empiezan a comunicar entre ellos mismos. O sea, reconocer que hay un conocimiento que el gobierno central de la ciudad necesita. Entonces para mí, esos son primeros pasos que además llevan a una política que puede permanecer mal definida, no explicada, pero todo eso se vuelve político. La ciudadanía tiene que reconocer que ellos también tienen que pensar en el desafío que es la ciudad, que ellos tienen conocimiento. Entonces la transversalidad se vuelve fácil.

Suele afirmar que «las ciudades nos hablan». ¿Se adapta la ciudad a nuestras necesidades o nosotros a las necesidades de una ciudad?

La ciudad tiene su propio lenguaje, tiene voz. Pero nosotros no conocemos ese lenguaje y me gusta dar un ejemplo. Un auto fantástico que tiene capacidad de moverse por cualquier terreno, a cualquier velocidad, llega al centro de una ciudad con mucha gente y se queda paralizado. Todas esas capacidades se neutralizan. Yo digo: la ciudad ha hablado. Dice: en la carretera sí, aquí no. Este es un ejemplo simple, pero hay otros muchos ejemplos que son un poco más indirectos.

¿Se atrevería a decir aquí cuál es su ciudad favorita o algunas ciudades modelo en las que muchas otras deberían fijarse?

Hay que decir que Barcelona tiene mucha reputación. Sé que estoy en Madrid, eh, no me confundo, lo digo conscientemente. Es el hecho de las Olimpiadas y cómo fueron usadas y su historia. Así que es muy difícil que en el imaginario internacional no surja Barcelona como una de esas ciudades. Ahora yo creo que Madrid también es una ciudad muy impresionante. Esas son las ciudades que yo más conozco.

Ha dicho en su charla que en España quedan ciudades de verdad…

Sí, yo creo que tanto Madrid como Barcelona son ciudades de verdad. En Europa, en general, hay un sentido de la ciudad, que es mucho más marcado y más sabio que lo que ves en Estados Unidos, donde no entienden lo que es la ciudad. La ciudad es una concentración de densidades, entonces la de Estados Unidos es brutal, es regresiva en ese sentido.

 

«Me gusta España porque es muy distinta de Estados Unidos»

Ha venido a España en múltiples ocasiones. ¿Qué le gusta especialmente de nuestro país?

Me gusta que aquí es muy distinto de Estados Unidos, aquí hay cultura de ciudadanía, cultura de ciudad. Allí no saben exactamente cómo manejar el concepto ciudad y la mayoría de la gente vive en suburbios que no son ciudades. Entonces lo que siempre me gustó de España es eso, viene muy marcado, mucho más que los italianos, en Italia ni siquiera se habla de las ciudades, aquí sí se habla.

En Italia es Milán versus Roma.

Sí, pero aquí no es Barcelona versus Madrid. Aquí hay tantas ciudades pequeñas que son maravillosas, por ejemplo Valencia. Eso es una tradición muy fuerte que hay aquí. En Italia, donde viví 14 años, es un poco distinto y eso me asombra un poco. Eso me encanta de los españoles y me encanta que aquí hay una base de conocimiento mucho más amplia, también entre los académicos. Los académicos de Estados Unidos se especializan a menudo en un tema muy pequeño. Por ejemplo allí el urbanismo es o arquitectura o planificación. No existe el espacio intermedio. Eso para mí es la diferencia.

Usted, que se define como activista, suele animar a los ciudadanos a participar en política y ve con mucha satisfacción el auge de los nuevos movimientos que han llegado a las instituciones. ¿Se ha planteado dedicarse a la política o considera que es más útil desde su posición docente?

La verdad es que ya me cuesta estar en reuniones de académicos... La lentitud del proceso político es muy grande y hay que pasarse horas con la inteligencia activada quizá solo al 20% y a mí me gusta estar al 100% cuando estoy despierta y no importa cuál sea el tema. Entonces yo no serviría. Ya casi no tengo paciencia para las reuniones de la universidad y siempre tengo alguna excusa para no ir. No soporto esa lentitud cuando estás sentado alrededor de una mesa.