El valle de Lizoain, formado por 13 pequeñísimas aldeas en poco más de 65 Km.², en el último tercio del siglo pasado padeció un fuerte proceso de despoblación y envejecimiento. Esto, unido a los cambios de usos y costumbres, hizo que se abandonara el uso de fuentes, lavaderos, neveros, lo que aceleró su degradación, al igual que el de las iglesias, muy infrautilizadas. Al mismo tiempo, se produjo une merma del arbolado y de la biodiversidad debido al aumento de las zonas de cultivo.
La llegada de algunas familias frenó el éxodo poblacional, pero la actividad laboral, que está muy ligada a la ciudad, nos pone en riesgo de conversión en aldea dormitorio. Por otra parte, los niños y niñas de ambos lados del río Erro viajan a concentraciones escolares diferentes, dificultando mucho sus relaciones de convivencia.
Para mantener a la juventud, cohesionar la población y concienciar a los ciudadanos de su pertenencia al pueblo, el Ayuntamiento apoyó la creación de la Sociedad Ripakoa, que en sus inicios confeccionó un Proyecto de Gestión que contribuyera a fortalecer los vínculos entre el medio histórico, artístico y natural, con habitantes y visitantes del Valle. Tanto diseño, como gestión y realización de estos trabajos se realizaron con participación voluntaria del vecindario de las distintas localidades del valle, con preparación práctica y/o académica en muy diversos temas.
Además, el Ayuntamiento promovió la construcción de Viviendas de Protección Oficial para la permanencia de la juventud en el valle y realizó el proyecto “La basura escondida y la información a la luz” que contribuyó al embellecimiento de nuestros pueblos.