Durante siglos Orgi fue un bosque muy aprovechado, casi «cultivado» por los vecinos de Lizaso, que obtenían del monte un complemento para su subsistencia. Ahora estos usos tradicionales están abandonados y el robledal descansa, experimentando un proceso de regeneración natural de su flora y fauna. Hoy Orgi es un lugar tranquilo para visitar, rústicamente acondicionado para acoger al visitante, sin artefactos que lastimen al bosque.
El acuerdo del Concejo de Lizaso de destinar su monte comunal para el uso público de visitantes foráneos, marca un hito soin precedentes en las prácticas habituales de la zona.